Reciclar los materiales. Reciclar las mentes.

El reciclaje se ha convertido en los últimos años en una de las señas de identidad de los nuevos comportamientos ciudadanos ante los graves problemas ambientales. Esta respuesta, producto de un claro proceso de incremento en la sensibilización ciudadana, ha provocado, y de ello debemos alegrarnos, un posicionamiento de las instituciones públicas para favorecer los proyectos en esa linea. Cada vez resulta menos incontestable y está más asumido social y políticamente que el enorme caudal de basuras, desechos, residuos o desperdicios -llamémosle como queramos- resulta insostenible y amenaza de forma cada vez más directa y constatable la calidad ambiental y la propia calidad de vida de los seres humanos. Este descenso en los niveles de calidad afecta tanto a nuestras ciudades y pueblos como también a áreas territoriales menos humanizadas (a todos, o a casi todos, nos escandaliza e indigna, por ejemplo, el crecimiento de las basuras en espacios naturales, rurales, etc.).

Dada la grave situación, pues, resulta encomiable y muy necesario que las instituciones fomenten y propicien el establecimiento de sistemas de recogida de residuos y que favorezcan el reciclado como medida paliativa en contra de la enorme cantidad de residuos. No obstante, a nuestro entender, esta respuesta correctora que pretende impedirque acabemos inundados de basura o que pretende rescatar parte de materiales perfectamente útiles que ahora convertimos en "desperdicios", es tan necesaria como insuficiente. En efecto, el reciclaje, la recogida selectiva de basuras, etc., debe ser un punto de partida que tienda a algo más importante e indudablemente más difícil: reciclar nuestras cabezas. Ese "reciclaje mental" es condición indispensable para una modificación de nuestros estilos de vida que, en definitiva, son los causantes de la actual situación de los residuos. ¿Cómo hacer ese segundo reciclaje? Haciéndonos preguntas sobre tantos porqués que hemos olvidado en nuestro delirio consumista. Así, por ejemplo:

-¿Por qué lo que son recursos potenciales se han convertido en desperdicio? -¿Por qué los materiales no se usan más eficientemente? -¿Porqué no se reutilizan más los materiales que utilizamos en los procesos de producción y hábitos de consumo consiguientes?. Etc.

Efectivamente, lo volvemos a reiterar, hay que reciclar pero no basta. Hay otras "R" tan importantes o más que la de reciclar. Por ejemplo, Reutilizar o Reducir para hablar de las otras dos "R" clásicas. Pero, en ese proceso de reciclaje mental tenemos que comenzar a incluir otras erres como recapacitar, repensar, reparar, repartir, restaurar, recrear, renunciar, rehusar, etc, etc. Incluir esas nuevas erres en nuestros estilos personales de vida tendría más importancia que quedarnos en, simplemente, reciclar.

En resumen, bienvenido sea el reciclaje o la recogida selectiva de residuos, pero sean estas medidas el comienzo de un cuestionamiento crítico para tantos comportamientos individuales y sociales ciegos, de los que el exceso de basura es sólo un síntoma. ¿Nos atreveremos a reciclar nuestras visiones consumistas tan absurdas como a veces inconscientes, o a mejorar y cualificar nuestra actitud ante el medio ambiente o los demás? El momento en que llevamos la basura a los contenedores puede ser excelente para plantearnos muchas preguntas que necesitan rápida respuesta. Momento óptimo para recapacitar sobre nuestra responsabilidad, compromiso e implicación frente a esos problemas ambientales de los que tanto nos quejamos y tanto nos alarman.

Rafael Hernández del Águila

Profesor titular. Ciencias Ambientales.

Universidad de Granada