La iluminación

Las antiguas bombillas incandescentes y tubos fluorescentes usan tecnología ineficiente que desprende más calor que luz (¡contra lo cual tienen que luchar los sistemas de aire acondicionado en verano, además!). Aunque el gasto inicial pueda suponer una mayor inversión, a medio o largo plazo se compensa económicamente su sustitución por lámparas fluorescentes compactas y tubos fluorescentes más eficientes, con incorporación de balastos reguladores de la intensidad.

Cuadro. Etiquetado energético de la Comisión Europea

Clase energética

Consumo energético

Cualificación

A

< 55 %

B

55 - 75 %

C

75 - 90 %

D

95 - 100 %

E

100 - 110 %

F

110 - 125%

G

> 125 %

Existe, además, una amplia gama de mejoras en la instalación que garantizan la luz artificial donde sea necesaria: sistemas automáticos de control (tiempo, ocupación, intensidad de la luz natural), interruptores independientes para iluminar sólo zonas necesitadas en un mismo área, lámparas de escritorio, refractores para evitar que la mitad de la luz la absorba la instalación,....

 

Un uso inteligente

 

¿Por qué pagar por la luz cuando no la necesitamos? Es mejor comprobar si es realmente necesario encender las luces o si con pequeños gestos podemos evitarlo:

 

Abrir bien las persianas o contraventanas antes de encender las luces.

Aprovechar la iluminación natural, organizando los puestos de trabajo de manera que reciban la luz natural.

Evitar el olvido "crónico" y apagar las luces que no sean necesarias. Contrariamente a la creencia popular, apagar las luces siempre es más barato aunque sea por poco tiempo.

Antes de encender las luces para paliar los reflejos del sol en los ordenadores, probar cambiando los puestos de trabajo de lugar o la orientación de las pantallas, así como instalando láminas antirreflectantes en las ventanas o cortinas orientables.

Asegurar una gestión apropiada de los tubos fluorescentes y bombillas, pues son residuos especiales.